A mi comadre Isabel y su hijo Paquito
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??? Era Juan Ortiz, me dec?a mi abuela, tal vez, nuestro primer senderista puntonero. Abrucena era para ?l, sin duda, su segunda casa. Juan Ortiz, all? por los? cincuenta, se dedicaba a comerciar con el vino al por mayor y abastec?a a las tabernas de los alrededores de Abla. Tambi?n era muy conocido por ser un gran catador de eso, s?, de eso…, y eso le perd?a. Pero Isabel, mi comadre, jaretona con mucho car?cter, lo encontraba ? y c?mo lo encontraba!
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Banda de M?sica de Abla - Del ?lbum de fotos antiguas? de Abla en Internet
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??? Cuando vi?semos a punto de anochecer, prosegu?a mi abuela, a mi comadre Isabel arremang? Puntones arriba, ya sab?amos que Juan Ortiz, que hab?a salido de madrug?, se hab?a atascado en alguna? taberna bebiendo y jugando con alg?n que otro de esos que? les quitaba el sentido eso, s?, eso… Pero tambi?n sab?amos que Isabel, que sab?a d?nde buscar, no tardar?a en aparecer? con su Juan, Puntones abajo
? Qu? bien sentaba a Juan Ortiz, al anochecer, ese aire de tiesas pitas en forma de sierra !
??? Juan Ortiz era ?un hombre muy popular y querido. Casi siempre lo ve?as con sus partituras atadas a su sonrisa, su paso lento y desgarbado, y con la batuta siempre preparada para los ensayos de la banda de m?sica. Cuando por las tardes pasabas cerca de la puerta de su casa, notabas su ausencia? porque no sal?a ese tufillo de arte en forma de notas y con sabor a trompeta.
En acordes? de silencio
se me muere el ansia,
“del Gallito” por? San Ant?n,
” del? Laresla” por el Albaic?n
que? mira? mi Rambla.?
De Juan Ort?z, de juan ?rtiz nada,
nada,
que? atraviesa por? el paseo??a mi garganta.?
En acordes? de? silencio,
ya, todo por? aqu?, se? derrama,
en gritos? de? clarinete,?
y mis? ganas
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??? Juan Ortiz, como oficio: bonach?n. Como vicio: hombre bueno.
??? Me comentaba mi abuela que en su bodega los toneles y pellejos se sent?an a gusto. Hab?a ?pocas que para preparar la cosecha de vino joven, sacaban los toneles para ser lavados y desinfectados con pajuelas de azufre, y era entonces cuando la calle Baja y el Chorrillo se impregnaban por todos sus poros de vino y otras aromas fuertes y penetrantes que anunciaban fiesta,
?qu? toneles y buen vino ten?an mis compadres!
??? Pero hay d?as, me dec?a mi abuela, en los que el recuerdo se posa en el recuerdo sin? apenas aleteo y sin degradarse ni una pizquilla te hacen sentir con igual dimensi?n.
…Y en sudario de lino, el “granao” del huerto.
Hay d?as en los que la lluvia cae para mojar y despreocupada va manchando las blancas paredes de las casas, que son blancas. Pero aquel d?a, nena; aquel d?a, nena, m?s infiel que nunca, el viento, ventolera, nada mov?a. La tierra, seca, ni gritaba agua. La calle, desnuda, rug?a silencio. Y nuestra?plaza, solitaria, ?se rend?a mansa a las obscuras golondrinas que revoloteaban por entre las fachadas de cal ara?adas por el tiempo.
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?”El Paquito”???Del ?lbum de fotos antiguas de Abla en Internet
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???? Aquel d?a - musitaba mi abuela bajito y “mor?”, con aire “p?” dentro-, yo, sentada en la iglesia junto a mi comadre Isabel, esperaba una r?faga de imaginaci?n que me catapultase a mi nada. Pero mi nada, desesperada, se as?a colgada en infinitos tambi?n quietos.
???? Pero los infinitos tambi?n tiemblan, y temblando como escarcha en limonero viejo, por el p?rtico principal de nuestra iglesia, El Paquito,? nuestro? amado, ?muerto, en sudario de lino, el granao del huerto:
Y con ?l,
la sierra se blanquea
y el romero se viste de tormenta,
y la cana se ti?e de luna,
y la luna, quieta,
en su casa de tristeza,
revienta.
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Y el pueblo por el monte esparramado
se hace r?o enrojecido,
se hace tomillo enlutado.????
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???? El callej?n de los Muertos por donde se nos acerca a la otra Abla, se estremece al tentarnos, y sin poder soportarlo, nos??suplica:? - ?Piedad!-,? para entre tanto dolor, ajarnos.
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???? Despu?s de alguna revuelta por entre olivares sombr?os, el quej?o interminable; m?s all?, donde se precipitan los granates, la plazoleta que otea nuestros? huertos; y escondida de la ermita, como queriendo no estar, una puertecilla con su boquilla abierta.
???? Cuando lo entramos, nos saluda un caminito pino y denudo sembrado de rezos. Lo subimos, y?ya en lo alto, donde se uncen valle y encina, una oquedad p?lida que espera, nos traga enteros.
???? El sacerdote, que tambi?n llora, escondido entre estandartes y coronas, alza un r?quiem tembloroso, sin codicia de voz,?a ese?cielo traicionero que nos lo roba.
?????A la tierra que le va cubriendo, se le suman dolores nuevos,?de majuelo, de retama, de mielga, de zarza…Y hasta desde el altillo de la ermita, sin sus Santos, los ta?idos de campana se?hacen mirada, mirada de mochuelo, y muda palabra:
?En d?as as?, no existe la tarde.
Ni entre esparto y sol, est? la vida.
Ni entre l?mites e infinitos, Dios.
Ni entre trigo y nieve, el centeno.
Ni?entre muertos, muertos, yo.
????…Pero, cr?eme, amigo, yo, solamente, estaba sentada y callada Junto a mi comadre Isabel y su hijo Paquito. S?lo so?aba, mientras esperaba del sue?o su voz. Nada habl?, nada vi, nada escuch?, nada sent?. Solamente, agazapada, aguard? al lamento so?ador del ser cuando, agotado, se hace espacio vac?o.
……………
Y? es hoy, veintinueve, por cuando abril siente que muere,
?????que, sentada y callada, tragando recuerdos, ?l, mi coraz?n, sin queja, ha estallado y? huido? en el viento del sur ?repleto? de? fragancias de secano, para galopar con la tarde por su carreterilla ciega, por?donde?se? me recorra el ser? en su? recuerdo??de?primavera.?
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Sole Venegas.