DOMINGO DE PENTECOST?S (JUAN 20, 19-23)
Hay diversidad de dones, pero un mismo Esp?ritu. Este es nuestro consuelo: que para ser buenos cristianos da igual que tengamos oficios y cargos m?s altos o m?s bajos, que seamos m?s guapos o m?s feos, que hayamos estudiado un poco m?s o un poco menos. Si todo lo que decimos y hacemos, lo decimos y hacemos en nombre del Esp?ritu y movidos por el Esp?ritu, todo contribuir? al bien com?n. Puesto que todos? somos miembros del cuerpo de Cristo, lo importante es que cada uno realice con la mayor dignidad posible la funci?n que le ha sido encomendada. No nos van a juzgar por los muchos o pocos dones que hayamos recibido del Esp?ritu, sino por el uso que hagamos de esos dones recibidos.
Como el Padre me ha enviado, as? tambi?n os env?o yo. Si nos sentimos disc?pulos del Resucitado, debemos sentirnos enviados. Enviados para predicar el evangelio de Jes?s, el evangelio de la paz, del perd?n, de la alegr?a. En ese primer d?a de la semana, nos dice el evangelista San Juan, Jes?s se puso en medio de ellos y les llen? de paz y alegr?a: los disc?pulos se llenaron de alegr?a al ver al Se?or. Tambi?n mand? el Se?or a sus disc?pulos que fueran mensajeros del perd?n de Dios: a todos a los que perdon?is los pecados, les quedan perdonados. ?Qu? bella misi?n nos ha encomendado el Se?or! Que seamos mensajeros de paz, de alegr?a y de perd?n. Debemos intentar que nuestra predicaci?n, y toda nuestra vida, llenen de paz, de alegr?a y de perd?n el alma de todas las personas de buena voluntad que se acerquen a nosotros.